El volky izquierdista
Quique era un amigo puertorriqueño que en aquellos días estudiantiles, manejaba un Volkswagen azul cielo, que no hacía virajes a la derecha. En esas grandes ciudades norteamericanas, no importaba, porque las calles forman una matriz en que las avenidas van de este a oeste y las calles de norte a sur, creando rectángulos o cuadrados perfectos. Cada vez que íbamos a algún sitio, trazábamos la ruta de tal forma que todos los virajes fueran hacia la izquierda, hasta llegar al lugar. Muchos años después, pidiendo dinero en el semáforo, para adelantar la causa, volví a ver a mi viejo amigo de la juventud. En mi cara se dibujó una gran sonrisa, mi brazo se levantó como un asta y mi mano ondeó como la mono estrellada, que tanto mencionaba en su poesía. Cuando intenté acercarme a saludarlo, cambió la luz; ¿no me habría reconocido?, sin ningún gesto apreciable en su rostro; en su Mercedes Benz, esta vez hizo un giro a la derecha y se perdió.
José G. Puig Hernández
