Emeterio

De Goncalves se dice que no escribe aplacando el tedio. Para el portugués lo relacionado con lo literario tiene que ver con las maneras de entender el mundo, sus agobios, asombros e interrupciones. Por interrupciones se entienden la cantidad de viajes y oficios que ha ejercido a lo ancho de una carrera llena de tropiezos y calles mal dobladas. Se sabe que laboró un tiempo largo en una casa de huéspedes en Barcelona, específicamente en la calle Malda [Rambla parte atrás] y que allí conoció a la dominicana que con trucos y centelleo lo terminó por arrastrar a un Carnaval Vegano en donde le dieron tanta cerveza de bilíguer, baracaníguara y máscaras y bellísimas incoherencias que decidió quedarse tres meses y luego se mudó a Cabarete, en donde una jeva californiana quedó prendada, o preñada que es lo mismo pero no es igual. La palabra asombro la usa el escritor para catalogar la amnesia de espaldas y de razones, porque también es vox populi que el tiempo que malgastó Emeterio en las calles capitalinas, léase Zona Colonial, léase Mierdópolis, léase Buenos Aires de Herrera y las Cabañas de los Kilómetros, fue tiempo de desorden del cuerpo y sus bajas y buenas razones, entiéndase por esto el agarre que se dio una noche con un portento de más de seis pies que se hacía llamar Marilyn y hacía cruisin del otro lado del Puente, léase Avenida España, léase San Vicente hasta la Charles, léase Alma Rosa y las Cabañas de los otros Kilómetros. Emeterio, al menos en las esquinas que enderezó en la República, actuó como lo que Marcel Duchamp prefiguró cuando dijo The real artist of tomorrow will be underground. Según la Marilyn entrevistada, alguna vez en medio del asfixie que sostuvo con el escritor en cuestión el mismo habló de tirarse del Puente Francisco Del Rosario Sánchez. Marilyn lo miró como lo que era, un loco y medio y le exigió motivo, razón o circunstancia y el Emeterio, no se sabe si arrebatado o seducido por la magia del travesty-spoken-word-poet le confesó cosas fatales de su vida, comenzando por la mujer que dejó embarcada en Varadero con una cuenta de varios cientos de dólares en un billar o de la vez que en Brooklyn fingió ser costarricense por asuntos que la policía no ha revelado. Marilyn quiso montarse en el motor [por esos tiempos la loca tenía un SuperCub] pero, aunque parezca ominoso, De Goncalves comenzó a entonar la version de So What de Miles, temita que le gusta mucho a la Marilyn básicamente por la manera en que entra Coltrane con el saxo a casi mitad de la canción. Agrega Marilyn, Cualquiera creería que un disco como ese estaría pegado en estos días pero quién dijo… Oh nineties, what have you done to us! Marilyn pidió para el pasaje antes de marcharse, no sin antes sacarse del escote de pelo en pecho un papiro de hojas recicladas que un arrasado Emeterio de Goncalves hilvanó en noches amargas en donde gringas pollonas le decían, I love it when you smell like Vermont.Por agobio se entiende el asfalto, la certeza de sal y mierda en desembocadura entre Villa Duarte y Santa Bárbara, la desgana del prende y pasa. La condena de seguir escribiendo Caribe DR sin importar que se esté en Chicago o en Vancouver. El peso y la bendición de ser escritor y pretender llamarse Emeterio Turú de Goncalves.

Rey Andújar